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La comunidad del Santuario, junto a feligreses y bailes de pastores pertenecientes al pueblo de La Tirana, han celebrado con gran regocijo la Santa Misa de Nochebuena, en comunión con toda la Iglesia para celebrar este misterio de nuestra fe, que nos muestra el nacimiento de Dios en nuestra pequeña humanidad.

La Eucaristía, que fue presidida por nuestro Rector, el padre Eduardo Parraguez, inició con la veneración de los bailes de pastores, quienes ingresaron en procesión con cantos de alabanza al Emanuelito. Al llegar la procesión hasta el altar, se entonó el tradicional himno de las calendas, cantado por toda la Iglesia extendida por el mundo, anunciando la buena nueva de gozo que es el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo; en él se relata la historia de la salvación desde sus inicios hasta el nacimiento del Señor en Belén.

Tras la lectura del Evangelio de San Lucas, que narra el relato del nacimiento de Jesús, el Rector se dirigió a la asamblea para recordar que el pueblo de Israel esperaba a su Mesías para salvarlo; sin embargo, cuando llegó el momento de la historia en que el Salvador debía venir, no tenía lugar para nacer. «Cuidado hermanos, porque puede que entre tanta agitación que tengamos en estos días, no tengamos un lugar preparado en el corazón para que Jesús venga a nacer, y lo que puede ser peor que no lo pudimos reconocer cuando vino a golpear nuestra puerta», animando así a mirar esta celebración como un llamado a descubrir que Jesús vuelve a nacer en quienes nos rodean, especialmente en los más débiles, aunque nuestros egoísmos muchas veces no nos permitan reconocerlo cuando viene a nuestro encuentro.

«Esa noche santa ahí en Belén sin duda que fue especial. El cielo se unió con la tierra y ahí en la simpleza de un establo, en la simpleza de ese lugar Jesús encontró posada», continuó en su homilía, recordando que Dios quiere habitar en un corazón sencillo y dispuesto, capaz de dejar atrás estilos de vida que nos alejan de los demás, invitando a cultivar un interior disponible para recibir constantemente a Jesús.

Por último, terminó diciendo: «Que esta noche sea una noche de paz, que esta noche sea una noche de amor, que esta noche sea diferente», para recordar que en esta noche santa Jesús quiere habitar el corazón de cada uno de nosotros y transformar desde dentro nuestra historia, ya que «Cuando Jesús nace lo hace con alegría, cuando llega a un hogar lo hace con alegría», animando así a ser testigos de esta alegría que siempre sale a nuestro encuentro para ayudarnos a despojarnos de todo aquello que está de más en nuestro interior, y de esta manera poder construir paz entre todos.

Al concluir la celebración, se dio la bendición con la bendita imagen del Niño Dios, que acompañará desde el pesebre estos días de fiesta. Luego de ello, los bailes de pastores lo adoraron con sus tradicionales cantos, que nos recuerdan la fragilidad humana de nuestro Dios hecho carne para salvarnos y darnos esperanza.

Sigue nuestras principales celebraciones litúrgicas en honor al Emanuelito a través de las diferentes plataformas digitales de nuestro Santuario.

¡Viva el Niño Dios!

¡Viva el Emanuelito!

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