
Cientos de peregrinos se congregaron en la explanada del Santuario para participar de la tradicional Eucaristía de Vísperas, en la espera de la solemnidad de la Epifanía del Señor. La celebración fue presidida por nuestro Obispo, Monseñor Isauro Covili Linfanti, acompañado por el Rector del Santuario, padre Eduardo Parraguez Hernández, junto al clero proveniente de distintos lugares del Norte Grande, quienes acompañaron esta fiesta dedicada al Emanuelito.
La noche de este lunes 5 de enero se vivió uno de los momentos más significativos de la Pascua de los Negros 2026. Como es tradición, la celebración inició con la procesión de entrada junto a la imagen del Niño Dios, que comenzó desde el costado del templo por calle Obispado, acompañada de niños pastores portando velas, quienes hicieron camino hacia el altar dispuesto en la entrada del Santuario.
Durante la Eucaristía, Monseñor Covili centró su mensaje en el misterio de esta celebración: “Con la imagen de los pastores, con la imagen del peregrinaje de los reyes magos, ello nos habla de movimiento nos habla de peregrinacion, nos habla de hombres que se dejaron asombrar con la noticia que este niño que ha nacido”. Con estas palabras, recordó que el mensaje de amor de Dios con nosotros nos impulsa a movernos interiormente y como comunidad, para buscar siempre la verdad revelada en Jesucristo.
Además, señaló: “este año queridos hermanos, al celebrar la fiesta de la Pascua de los negros, de Epifanía, renovamos nuevamente lo que hemos vivido con tanta alegría y profundidad el año que hemos terminado, nos hemos redescubierto peregrinos de esperanza”, haciendo énfasis en el año jubilar que culmina para toda la Iglesia en esta celebración de la Epifanía. Invitó a descubrir en Belén la esperanza hecha carne y el proyecto de humanización que nos conduce a la verdadera alegría, recordando también que “nuestra vida hermanos, no es una vida cerrada sino abierta no solamente a lo infinito sino a lo eterno, este Dios que ha nacido pobre nos regala esta vida maravillosa y eterna”.
Durante su prédica, el Obispo invitó a orar por la paz, especialmente en los lugares que sufren conflictos, y tuvo palabras de cercanía con nuestros hermanos venezolanos, que hoy atraviesan una profunda crisis social, para que la luz del Emanuelito acompañe y consuele a su pueblo.
En el momento del ofertorio se vivió un instante de profundo gozo: tres Reyes Magos llegaron ofreciendo dones al Niño Jesús, como signo de entrega al buen Dios, que recibe como ofrenda agradable nuestro deseo de ser siempre fieles a su Palabra y a su voluntad.
Al finalizar la Santa Misa, se llevó a cabo la tradicional ronda, donde los bailes de pastores rindieron homenaje al Niño Dios entre cantos y danzas, culminando con la solemne bendición final. La imagen del Emanuelito fue llevada hasta su pesebre para recibir el saludo de los bailes con mudanzas y cánticos de adoración.
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¡Viva el Emanuelito!
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